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Intruso, ¡Identifícate!


El miedo es una emoción que tú y que yo tenemos interiorizada de siempre. Igual no recuerdas la primera vez que lo sentiste, pero si te paras a pensar, ha estado presente en muchos momentos de tu vida. Si no, acuérdate de cuándo te nombraron al hombre del saco, o te dijeron si te dan un caramelo no lo cojas, si alguien te dice que te vayas con él/ella sal corriendo que te pueden raptar…como dicen por ahí: no estamos tan mal pa’ todo lo que nos han contao’.

Desde siempre, el miedo ha estado ahí para protegernos, alertarnos, avisarnos, y tener la capacidad de reaccionar ante el peligro, ya sea huyendo, atacando, quedándote paralizada…

Como seres humanos, hemos evolucionado, y sabemos que ya no nos tenemos que proteger de las bestias de las cavernas. Aun así, seguimos reaccionando ante situaciones nuevas en la vida o cambios como si de esos peligros se tratara. Incluso lo usamos a modo preventivo «Ahh no, eso no lo hago, no sea que me caiga y me haga daño», «¡Qué dices! ¿Viajar sola? Tu estás loca…a saber lo que te pueden hacer por ahí…»


Pero… ¿por qué es tan poderoso el miedo?

Verás, el miedo es una herramienta, que si la sabes utilizar, te convierte en una especie de MacGyver emocional. Tener miedo no es malo, lo malo, es que éste te impida hacer lo que quieres. Y la realidad, es que puedes usarlo como motor, lanzadera, impulso…usar todo su poder para hacer lo que quieras en la vida.

Cualquier miedo llevado al extremo, puede derivar en ataques de pánico, fobias distintas, que repercuten en el día a día de las personas que las padecen.

Cuando nos enfrentamos en la vida a nuevos retos y estos nos dan miedo, a menudo nos retiramos del juego «ahí no me meto». Y es en este punto en el que suelo encontrarme con mujeres viven sufriendo antes de enfrentarse a un miedo, que en muchos casos ni si quiera es real porque no lo han vivido.

Recuerdo las conversaciones con una chica que se sentía atrapada en una relación de 15 años y que comentaba que tenía miedo a separarse. Había creado en su mente una historia basada en situaciones que había visto y eso la aterraba «No me quiero ver como esas madres» decía.

La realidad, es que mientras avanzábamos, descubrió que había rechazado varios trabajos porque de haberlos aceptado, sería una mujer independiente y ya podría irse de casa, y eso le daba mucho miedo porque nunca había estado sola.

No podemos no tener miedo, porque entonces haríamos cosas que nos perjudicarían. Pero sí que es importante entender de donde viene, qué mensaje trae, en que se basa, si es de una vivencia, creencia. No se trata de que los fulminemos, sino de que aceptemos que vivimos con ellos, y eso requiere una buena gestión emocional.

Y… ¿qué pasa si me lanzo y fracaso?

Si te soy sincera, no se puede prever con certeza el resultado de las cosas. No vamos con una varita mágica por el mundo preguntando ¿Hoy me va a tocar la lotería? ¿Será este el hombre de mi vida? ¿Me engañará? ¿Este trabajo me durará toda la vida?… Perdería la gracia la vida, sin ese suspense.

Así que, a veces, haces cosas, te esfuerzas muchísimo y no tienen el resultado que esperabas, no salen como habías pensado…y por eso, ya piensas que has fracasado.

Quizá pones demasiadas expectativas, interpretas las situaciones sólo desde tu enfoque, te valoras en función de los resultados, eres muy crítica contigo, esperas el reconocimiento de los demás, y encima no sale como esperas, fustigación doble, te enfocas únicamente en los resultados…

Analiza cómo es tu forma de actuar, rétate a fallar porque así aprenderás formas de no hacer las cosas y te ayudará a crecer. También celebra los logros para que veas de todo lo que eres capaz. Cuanto más sales de tu zona de confort, le vas ganando terrero a la inseguridad, de forma que el miedo se va reduciendo.

Me encantaría saber qué miedos te están bloqueando o te están impidiendo avanzar.

Deja tus comentarios o envíame un mensaje aquí.

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