La semana pasada me propusieron hablar de gestión emocional con mujeres emprendedoras. Cuando me puse a prepararme  mi exposición quise buscar ejercicios nuevos para ampliar mi repertorio, y entonces empecé a ver algo que había detectado en cursos y formaciones. Y es que, a menudo cuando se habla de gestión emocional, en realidad, están queriendo decir control emocional.

Inhala, Exhala…

Nos hablan de respiración, cómo utilizarla ante diferentes emociones…lo cual me parece imprescindible, aunque aquí no puede acabar todo.

Imagina que estás en una reunión que te has preparado mucho, la presentación te parece genial y cuando acabas, tus compañerxs te dicen que parece que no captaste la idea de lo que había que hacer. En ese momento, se activa algo en tu interior (como un huracán que está a punto de arrasarlo todo) pero sabes que no es el lugar, por tanto, respiras, controlas e intentas mantener el tipo lo más dignamente que puedes.

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¡Todo bajo control!

Pero ¿y entonces? ¿Emoción gestionada? ¡No! Emoción controlada. Esto significa que le hemos puesto el modo avión, pero esa emoción no ha venido “en balde” como diría mi abuela, sino que ha venido a contarte algo (todas tienen una función), a ponerte en alerta, a protegerte, a recordarte, que en otra ocasión ya te pasó lo mismo…

Y si no escuchas esas emociones, van a empezar a hacerse una bola, que en un tiempo se traducirá en un dolor, alergia, o cualquier otro tipo de malestar (dolor emocional), para salir al exterior y pedirte a gritos que las oigas.

Por favor operadora, ¿me puede pasar con mis emociones?

Hay diferentes formas de captar que nos están diciendo las emociones, para poderles hacer preguntas,  por ejemplo:

  • A través de la visualización. Utilizo mucho una, en la que tienes que conectar con esa situación en la que te activaste, sentir la emoción, por ejemplo el enfado, e imaginar que esa emoción es un niño, y que lo acoges en tus brazos para escuchar cuáles son sus necesidades y entender qué puedes hacer ante ese enfado.
  • A través de la creatividad: El baile, la escritura, la pintura…te pueden ayudar a gestionar las emociones. Por ejemplo, puedes poner música, cerrar los ojos y empezar a bailar según te pida el cuerpo (no tiene porqué seguir el ritmo de la música) y empieza a notar cómo está tu cuerpo ¿esta rígido? ¿hay tensión en alguna parte?…
  • También puedes poner música y hacer pinceladas según sientas, para luego interpretar los colores elegidos, si son movimientos que invitan a cerrarse o a abrirse…
  • Si puedes, en el mismo momento en que aparece esa emoción, toma conciencia de lo que estás sintiendo, pensando, cómo te hablas, observa cual es la intención positiva de la emoción, hazle preguntas  y una vez analizado esto, toma las decisiones necesarias.

Cuando identificas esa emoción que has tenido y le haces preguntas, das lugar a la transformación, y por ejemplo, puedes transformar ese miedo en valor.

Y tú, ¿Cómo gestionas tus emociones?

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