Como te he contado por stories de Instagram, la semana pasada hice campana algunos días. Destapar la caja de pandora que acarreamos no siempre es fácil, pero forma parte de ser nuestra mejor versión.

Una de las cosas que había en esa caja, era algo que arrastré durante muchos años: ser diferente. Más bien, tener la sensación de ser diferente, porque ¿quién rige lo que es y no normal?

Esa sensación venía por no seguir nunca las modas ni a nivel música, ni decir las palabras top del momento, ni vestir como las demás, sobre todo porque mi madre mandaba en la ropa. Por la noche me dejaba preparado lo que tocaba al día siguiente y fin de la discusión. Y nunca tuve unas Lelli Kelly (me pregunto si todavía existirán).

Como intuirás, la adolescencia fue más de lo mismo, ninguna moda parecía para mí, pero eso me gustaba, porque no quería ser como el resto, sobretodo porque las chicas de mi edad miradas por detrás eran iguales. Mismo corte de pelo, mismo collar, misma ropa, misma pose…y la verdad que no me llamaba la atención eso. Bueno, solo caí en la moda de unos pantalones que se llevaban en dos colores, blanco y negro, y me compraron ese modelo, pero en naranja (¿naranja? Sí, yo todavía alucino).

Empecé a ver las cosas diferente, ¿y si de verdad era rara? Si, lo era, seguro, porque mí alrededor me lo decía, ¡mira que eres rarita! o bueno, tu eres diferente. Frases estrella. En consecuencia, una se lo cree y asume que es diferente y un tanto rarita. Ya no me parecía tan guay ser diferente, pero ser normal tampoco. Tuve que tomar una decisión casi salomónica, y me quede en el bando rarito, y aunque fue una decisión, me hizo sufrir mucho.

Así que, la semana pasada, hablando con Lupe, una gran coach y mi tutora de formación, destapamos esta caja y brotaron muchísimas sensaciones y emociones, que me permití sentir. Las abracé, solté lo que era necesario y me quedé con todo aquello que me servía para crecer, que era mucho.

Con esto quiero decir, que dentro tenemos muchas herramientas, que a veces rechazamos, porque de entrada no nos parecen válidas, pero ser capaz de extraer todo aquello que te hace diferente, especial y única, aunque provenga de una experiencia que no te parece tan positiva es una forma de llegar a ser tu mejor versión.

Te propongo un ejercicio:

Coge una hoja de papel y descríbete, desde quien eres. Tus habilidades, cualidades, valores…es decir, no se vale escribir “soy María y soy administrativa”, porque eso no está describiendo quien eres, sino una actividad que haces.

Después pregunta a tu alrededor (personas de confianza) qué valoran de ti, desde la parte positiva. Coge toda esa información y reescribe la descripción combinando toda la información recopilada. Léela en voz alta y presta atención ¿te reconoces en ella? ¿Hay algo que te sorprenda?.

Este es un primer paso para tomar conciencia de tus cualidades, conocerte y saber qué es eso que te hace diferente, especial y única.

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