¡Lo confieso! Este puente he hecho algo que pensaba que nunca iba a hacer. Me he pasado dos días enteros sofá, comer, sofá, música relajante, silencio, sofá, cenar…y ya te imaginas como sigue la secuencia.

No sé cómo había pasado, pero llevaba unos días sin mis ratitos de no hacer nada, porque hasta los domingos (por sagrados que parezcan) le he dedicado últimamente un rato al trabajo. Así que (tras negociar muy mucho conmigo misma) dejé el portátil en casa los dos días que estuve fuera.

Mientras me marchaba de casa solo hacía que pensar “tengo que hacer esto”, “tengo que hacer lo otro”, “tengo que hacer…”, luego verás la de faena acumulada, si no hago esto que pasará, drama, drama, drama ¡Sara por favor! De pronto me di cuenta que todo ese runrún mental tengotengo estaba instalado en mi cabecita de hacía ya días.

Seguro que esto te suena, igual te ha pasado con las cosas de casa, en el trabajo, con el papeleo, con tu cuidado personal, todo es para ayer, la priorización desapareció hace tiempo…y cuando te das cuenta, se te ha instalado la banda sonora del tengotengo en la cabeza, y no hay forma de sacarla.

Así que caí dos días rendida a la magia del vagueo. Normalmente dedico 20-30 minutos diarios a la relajación, meditación o a no hacer nada para evitar llegar a los extremos, pero con estos últimos días, mi cuerpo lo pedía a gritos, 48 horas nonstop sofing. ¿Conoces esa sensación? Te la recomiendo (con moderación).

Y es que normalmente creemos que todo es importante (ya hablaremos de esto otro día) y que tenemos que hacer muchas cosas porque si no hacemos nada, ¿Qué hacemos? Y más si  alguien nos va a preguntar ¿qué has hecho hoy? (silencio incómodo, sonido de grillos, más silencio).

Pero a veces, no hacer nada, es hacer mucho por ti, dedicarte tiempo de calidad, para coger fuerza, estar más clara ante la toma de decisiones. Te ayuda a posicionarte en el exterior para ver lo que está sucediendo en el interior.

También te diré, que disfrutar de esa nada, no es tarea fácil, porque es muy fácil caer ya que nos hemos acostumbrado a vivir en el hacer,  a un ritmo frenético, y a veces, cuesta bajar el ritmo mientras el resto de cosas avanzan.

Te aseguro que dedicar 5 minutos al día, al arte contemplativo de no hacer nada, puede cambiar tu estado emocional. Busca un ratito ya sea a primera hora de la mañana, poniendo el despertador 5 minutos antes, o a ir en silencio mientras conduces, sin música, sin más distracciones, sin atender al teléfono en el semáforo… Escápate un ratito a la naturaleza, no hace falta que te vayas a la montaña, puedes encontrar rincones como un parque cerca del trabajo, y escaparte 5 minutillos a la hora de comer, o llevarte el tupper al parque y disfrutar de ese momento para ti, escápate a la playa cuando puedas…

Poco a poco ve encontrando esos momentos, para poderlos integrar, y poner el foco en el ser y no tanto en el hacer.

¿Te ves capaz de encontrar 5 minutos diarios para ti? ¡Te reto! Escríbeme con tus avances 😊

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